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sábado, 3 de febrero de 2024

Ruta del Califato







En Córdoba, las ciudades y pueblos son:
  • Córdoba
  • Fernán-Núñez
  • Montemayor
  • Montilla
  • Aguilar de la Frontera
  • Espejo
  • Castro del Río
  • Lucena
  • Cabra
  • Carcabuey
  • Priego de Córdoba
  • Zuheros
  • Luque
  • Baena
En Jaén son:
  • Alcaudete
  • Castillo de Locubín
  • Alcalá la Real
Y en Granada:
  • Moclín
  • Colomera
  • Pinos Puente
  • Güevéjar
  • Cogollos Vega
  • Alfacar
  • Víznar
  • Granada

Ruta de Washington Irving




Mapa de la Ruta de Washington Irving. Fuente: Andalucia.org

En otras fundaciones, la ruta comienza en Huelva
Mapa de la Ruta de Washington Irving. Fuente: legadoandalusi.es



En Huelva, las ciudades y pueblos son:
  • La Rábida
  • Palos de la Frontera
  • Moguer
  • Niebla
  • Villarrasa
  • La Palma del Condado
  • Villalba del Alcor

En Sevilla, las ciudades y pueblos son:

  • (San Lucar la Mayor)
  • Sevilla capital
  • Alcalá de Guadaíra
  • Carmona
  • Marchena
  • Écija
  • Osuna
  • Estepa
  • La Roda de Andalucía
  • Fuente de Piedra
  • Humilladero
  • Mollina
  • Antequera
  • Archidona
  • Loja
  • Huétor-Tájar
  • Moraleda de Zafayona
  • Alhama de Granada
  • Montefrío
  • Íllora
  • Fuente Vaqueros
  • Chaucina
  • Santa Fe
  • Granada

domingo, 26 de febrero de 2023

Ruta de los Almorávides y Almohades



LOCALIDADES

Tarifa - Algeciras - Castellar de la Frontera - Jimena de la Frontera - Casares - Gaucín - Benalauría - Algatocín - Benadalid - Atajate - Alcalá de los Gazules - Medina Sidonia - Cádiz - Puerto de Sta. María - Jerez de la Frontera - Arcos de la Frontera - Grazalema - Zahara de la Sierra - Algodonales - Olvera - Setenil - Ronda - Teba - Campillos - Vélez Málaga - Alcaucín - Zafarraya - Alhama de Granada - La Malaha - Las Gabias - Granada

PAISAJE GEOGRÁFICO

El paisaje de esta ruta por tierras de España está configurado por los bosques mediterráneos que forman parte de los tres Parques Naturales que se incluyen en su recorrido.

Desde Algeciras hasta las cercanías de Ronda la ruta bordea por el este el Parque Natural de los Alcornocales. En este espacio protegido, que agrupa los mayores alcornocales de Europa, habitan ciervos, corzos, águilas, halcones y garzas. Es lugar de paso para multitud de aves migratorias.

Pueden realizarse en el Parque diversas actividades recreativas: la espeleología, la escalada, el montañismo, el descenso de cañones, ciclomontaña, o las excursiones a caballo.

El Parque Natural de la Sierra de Grazalema es una pequeña joya emblemática de los espacios protegidos de Andalucía. Un verdadero paraíso para los amantes de las actividades al aire libre, donde realizar duras excursiones, y agradables paseos por riberas umbrías, hasta planear en parapente o remar en las aguas embalsadas.

Al este de Ronda, ocupando buena parte de su Serranía, se encuentra el Parque Natural de la Sierra de las Nieves. Desde las alturas de sus cimas rocosas hasta la profunda cicatriz del río verde, la cabra montés es el animal emblemático del Parque, pero también abundan los corzos, las nutrias, los azores o el halcón peregrino.

PAISAJE HISTÓRICO

La ruta se adentra en los pueblos blancos, muchos de ellos seguidos por las palabras "de la frontera", que indican una romántica época de más de 200 años de lucha entre musulmanes y cristianos. Su mayor atractivo es la visita a lugares con legados árabes muy importantes que nos transportarán directamente al pasado.

Este recorrido muestra la impronta que los pueblos norteafricanos dejaron en la cultura hispanomusulmana. Como resultado de la necesidad de defensa ante el avance cristiano, las tribus almorávides, primero, y almohades después, llegaron a la Península.

De costumbres rígidas y austeras, y una interpretación estricta de la moral coránica, poco a poco fueron fusionando la visión norteafricana del islam con la diversidad peninsular, dando paso a una nueva riqueza cultural en al-Ándalus. La ruta comienza en la zona del Estrecho de Gibraltar, por donde irrumpieron las tribus norteafricanas, y culmina a los pies de Granada.

Esta ruta ofrece la más completa visión de las seculares relaciones entre la Península y el norte de África y del desarrollo de la historia de al-Ándalus, pues discurre entre dos de sus polos esenciales: el Estrecho de Gibraltar, puente hacia el continente africano y Oriente, y Granada, el último bastión de al-Ándalus. El comienzo, los inicios de al-Ándalus tuvieron lugar en las costas del Estrecho. Aquí desembarcaron las primeras expediciones de contingentes musulmanes, que condujeron a la rápida conquista de la Península y dieron al traste con el reino visigodo. En las primeras décadas del nuevo estado, numerosas tribus y clanes bereberes se asentaron en estas tierras meridionales, sobre todo en las serranías hacia Ronda y Grazalema, junto con grupos de árabes, como los que se establecieron en Medina Sidonia o Algeciras. A mediados del siglo VIII jugarían un papel decisivo en la proclamación del emirato independiente que se constituyó en al-Ándalus por iniciativa de Abd al-Rahman I. A fines del IX, la cadena de sublevaciones que agitaron la zona, como la de Umar Ibn Hafsun, testimonian la importancia de una población indígena, islamizada o cristiana, que no siempre se contentó con el gobierno de las autoridades de Córdoba, la brillante capital andalusí. Tendencia a la autonomía que de nuevo se puso de manifiesto al hundirse el califato cordobés y surgir una multitud de pequeños reinos independientes, como los de Arcos y Ronda, sometidos, en definitiva, por otros más poderosos, como fue el de Sevilla. Esta acuciante debilidad política, que no cultural, de al-Ándalus en el siglo XI motivaría la urgente intervención de los almorávides, el movimiento defensor de la ortodoxia islámica nacido entre las tribus del Sáhara occidental, que llevaría a la fundación de Marraquech y a la formación de un poderoso imperio hispano-magrebí. Tras derrotar a los cristianos hispanos como aliados de los reyes de taifas, los almorávides emprendieron el dominio directo de la Península, destronando a príncipes y sultanes e implantando su gobierno efectivo hasta mediados del siglo XII. Para entonces, su poder se desmoronaba en tierras marroquíes ante el ascenso de los almohades, que suplantarían su imperio tanto en África como en al-Ándalus. El siglo XIII, con todo, contempla ya la decadencia de los almohades, batidos en la Península por el incontenible avance cristiano. Paulatinamente, a consecuencia de la caída de Sevilla, Cádiz, Jerez, Medina Sidonia, sus territorios pasan a manos de los castellanos, mientras Ronda y su serranía quedan como baluarte fronterizo del último reino de al-Ándalus, el sultanato nazarí de Granada.

Como monumentos a destacar en esta ruta: el Castillo de Guzmán el Bueno, las murallas y las torres costeras de Tarifa, los torreones costeros de Algeciras, el castillo de Castellar de la Frontera, la fortaleza de Jimena de la Frontera, los Castillos de Ronda y Gaucín o el castillo-alcazaba de la Estrella en Teba.

Comprende esta ruta una subrruta que parte de la provincia de Cádiz, concretamente de Alcalá de los Gazules, pasando por Medina Sidonia, Cádiz, Jerez de la Frontera, Arcos de la Frontera y Grazalema hasta llegar a Ronda, donde continuamos por Teba, Campillos, Antequera, hasta llegar a Granada.

PAISAJE GASTRONOMICO

La gastronomía típicamente andaluza que encontramos en la ruta tiene un marcado acento campero, preparada con el sello inconfundible de la tierra. El gazpacho, la berza, el ajo campero, la piriñaca, el rabo de toro o la sangre con tomate son algunos de los platos populares de su cocina.

Los excepcionales vinos que produce la zona son el perfecto acompañamiento para una serie de platos que llevan "al Jerez" como apellido.

Las chacinas, los quesos y los dulces son productos también relevantes en esta ruta.

El viajero hará bien en buscar la famosa morcilla rondeña, elaborada con sangre y manteca de cerdo, y condimentada con pimienta, orégano, clavo, pimentón, cominos y cilantro.

En Antequera se hace el morcón antequerano, con carne picada de cerdo adobada con pimentón, y en Archidona la sopa ochavada, compuesta de ocho verduras, que se toma en un plato de ocho lados.

También se elaboran quesos con leche de cabra. El de Antequera es cilíndrico, fresco y con poca sal y se puede encontrar todo el año. El de Ronda es más elaborado y se conserva en aceite de oliva.

En el apartado de dulces, conviene no dejar pasar la ocasión de probar los mantecados de Antequera, las célebres y exquisitas yemas del tajo de Ronda y los roscos de Loja.

Un apartado propio, repleto de reminiscencias andalusíes por sus fórmulas de elaboración y el uso de especias, está formado por la repostería que endulza todo el trayecto: pestiños, amarguillos, alfajores, tortas y un sinfín de variedades que glorifican los sentidos. En cuanto a la artesanía, su notable diversidad comprende desde la encuadernación de lujo o la fabricación de instrumentos musicales de talleres gaditanos y granadinos, la ebanistería y manufactura de muebles de estilo de Cádiz, Jerez o Ronda, la forja artística y trabajos en metal de Ronda o Granada, a la cerámica, presente en tantos lugares, las labores textiles –como las célebres mantas de Grazalema, confeccionadas en añejos telares–, los artículos en cuero y piel, que tienen uno de sus principales centros de producción en la sierra de Cádiz, la talla en madera de utensilios de uso doméstico y la tonelería, las manualidades a base de fibras vegetales –cestas, canastos, redores…–. Otros ramos como la albardonería o la talabartería, para el arreo de bestias de labor, son testigo de las hondas raíces populares de los trabajos artesanos por estos contornos.

Los almorávides: Son tribus nómadas del oeste del Sáhara que, a mediados del siglo XI, comienzan a extender su poder por el norte de África. Su nombre proviene de al-Morabitun, las gentes del ribat, la fortaleza monástica. Hacia 1070 fundan Marraquech, la gran ciudad que dio nombre al reino de Marruecos, y en 1086 desembarcan en la península Ibérica para contener el avance cristiano por tierras de al-Ándalus. Tras establecer su dominio sobre la España musulmana, terminan forjando un imperio que abarca desde Zaragoza hasta Senegal. Según Ibn Jaldún, ante el poder arrollador de los almorávides, “la autoridad de los reyes de taifas desapareció como si jamás hubiera existido”.



De Algeciras a Granada
 

El recorrido de esta Ruta, que parte de la ciudad de Tarifa es la mejor forma de descubrir la herencia de los Almorávides y los Almohades, dinastías de origen africano que dejaron su impronta en numerosos vestigios arquitectónicos en al-Ándalus.

El camino discurre por 400 kilómetros a lo largo de dos ramales por las provincias de Málaga y Cádiz, visitando poblaciones costeras, de campiña y de sierra. Después de visitar atractivas ciudades como Cádiz y Jerez de la Frontera, ambos ramales confluyen en Ronda (Málaga).

En su parte final, este camino transcurre por la Axarquía malagueña y sigue hasta llegar a Granada el recorrido descrito en el libro de viaje o “Rihla” de Ibn Battuta, viajero nacido en Tánger y que en sus relatos reflejó la sociedad del siglo XIV. Los restos musulmanes que encontramos en esta Ruta son esencialmente defensivos, tales como el castillo de Vélez Málaga.


Itinerario:

Tarifa–Algeciras–Castellar de la Frontera–Jimena de la Frontera–Casares–Gaucín–Algatocín–Benalauría–Bendalid–Atajate–Alcalá de los Gazules–Medina Sidonia–Cádiz–El Puerto de Santa María–Jerez de la Frontera–Arcos de la Frontera–Grazalema–Zahara de la Sierra–Algodonales–Olvera–Setenil de las Bodegas–Ronda–Teba–Campillos–Vélez Málaga–Alcaucín–Zafarraya–La Malahá–Las Gabias–Granada




sábado, 22 de octubre de 2022

Ruta de al-Mutamid II




PAISAJE HISTÓRICO

Al-Mutamid, el rey que da nombre a la ruta, aunó la mayor parte del territorio de este itinerario en un solo reino durante la Edad Media. Con capital en Sevilla, estas tierras alcanzaron en ese momento su mayor esplendor, tanto territorial como cultural, al convertirse, a instancias del rey al-Mutamid, en un centro de atracción para la cultura y la poesía, de la que al-Andalus era rica en ese tiempo de disolución política.

Durante la Prehisto­ria, la fachada occidental de la Península Ibérica permaneció al margen de los grandes movimientos culturales; sin embargo, a finales del Neolítico apareció el primer foco cultural luso de carácter original: la cultura megalítica que alcanzó a Gales y Bretaña. Las Edades del Bronce y del Hierro en Portugal no difieren gran cosa del resto de la Península: celtas e íberos expandieron su organización social y su cultura agraria y pastoril por todo el país, mientras en la costa, fenicios, griegos y cartagineses fundaban factorías, establecían circuitos comerciales y explotaban las riquezas metalúrgicas.

El primer pueblo con personalidad diferenciada que surge en Portugal es el lusitano, asentado entre el Tajo medio y el Duero. A partir del siglo II a.C. ya se había extendido desde el Atlántico hasta el interior de la Meseta Central. Su belicoso carácter y sus frecuentes incursiones en la ya romanizada y rica Bética hizo inevitable la confronta­ción con Roma, asentada en la Península desde el fin de la Segunda Guerra Púnica. Mientras estuvieron los lusitanos aglutinados bajo el mando del legendario pastor Viriato, no pudieron los romanos establecerse con seguridad al Sur del Duero, cosa que ocurrió tras su muerte a traición.

Tras la fase de las invasiones germanas en las que los suevos dominaron el Norte del Tajo y los visigodos el Sur, éstos últimos lograron imponer su total dominio en el siglo VI. Un siglo después se produjo la conquista musulmana.

La Lusitania musulmana fue ocupada en tres campañas sucesivas en las que se fue ampliando el territorio hasta el Norte. Las campañas, al igual que en todo al-Andalus, fueron muy rápidas, entre el 712 y el 715 y fueron dirigidas por el General Musa Ibn Nusayr y su hijo Abd el Aziz, que fue el primer Emir del territorio conquistado al otro lado del Estrecho de Gibraltar.

A mediados del siglo XI Abbab Ibn Muhamad al Mutadid, que reinó entre 1042 y 1069, en sucesivas campañas sometió entre el 1051 y el 1053 los reinos de Niebla, Huelva-Saltes y santa María del Algarve, en un proceso que culminó en la toma de Silves en 1054. De esta forma, en muy pocos años, logró apoderarse de todo el Al- Garb aprovechando la falta de consistencia de los diferentes reinos en que estaba dividida.

El inevitable fin de la presencia musulmana en Al-Garb se inició tras la derrota del emir almohade Abd Allah Muhammad al-Nasir en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. A partir de este momento se sucede la caída de plazas musulmanas en manos cristianas. Esta presencia se saldó con un rico legado cultural del que cabe destacar nombres como el del teólogo de Evora Abu Bakr o Abu al-Walid de Beja, juristas como Abu Imran de Mértola, lingüistas como al Alaman de Faro e Ibn Serray de Santarem, matemáticos como Ibn al-Sid de Silves y grandes poetas como al Qurasi o Ibn Muqana de Lisboa.

Los orígenes del reino cristiano de Portugal arrancan de la pequeña ciudad de Portocale situada en la desembo­cadura del Duero, sede de un obispado en época romana y de una división administrativa sueva, y que permaneció despoblado durante el siglo VIII a consecuencia de las campañas de los reyes cristianos. El Papa Alejandro III reconoció la definitiva independencia del reino portugués en 1179.

Con la dinastía de Borgoña, que se prolonga hasta 1383, se culmina la reconquista portuguesa bajo el reinado de Alfonso III con la toma de Faro.

Tras la derrota de las pretensiones castellanas sobre Portugal en 1385 en Aljubarrota, comienzan los reinados de la dinastía de Avis. A esta dinastía pertenecieron reyes como Manuel I, que llevó a su culmen el poderío mundial portugués, e infantes como Enrique el Navegante, que en Sagres fundó un observatorio y una escuela de Cosmografía, que fueron el arranque de todos los viajes y descubrimientos en busca de nuevas vías comerciales con el Lejano Oriente y que supusieron, además, la base del engrande­cimiento económico y territorial en Ultramar de Portugal. Esta dinastía acabó con la muerte del joven rey Don Sebastián en la desastrosa empresa de Alcazarquivir en 1578. Pasó entonces Portugal con todas sus posesiones a la España de Felipe II. Los reinos permanecieron asociados hasta tiempos de Felipe IV. En 1640, una sublevación proclamó al Duque de Braganza como Juan IV de Portugal. Desde entonces hasta nuestros días se ha mantenido la independencia de Portugal, marchando ambos países por caminos paralelos.

Aunque esta ruta pretende un recorrido por el Algarve, provincia lusa íntimamente ligada a la historia de al-Andalus, no podemos dejar de aconsejar al viajero que, antes de entrar en ella, visite Lisboa, la capital de Portugal.

Ruta de al-Mutamid I




De Lisboa a Sevilla y Granada
 
La Ruta de al-Mutamid se extiende de Lisboa a Sevilla, pasando por Huelva; tiene su continuación hasta Granada a través de la Ruta de Washington Irving. Es uno de los caminos más ricos de al-Ándalus, pues al patrimonio monumental andaluz se suma el del Portugal musulmán. Constituye un recorrido por tierras lusas hasta la capital de Andalucía y hasta llegar a Granada, destino final de todas las Rutas.

Esta ruta, con dos ramales, abraza el ángulo suroeste de la Península Ibérica. El Portugal musulmán era parte consustancial de al-Ándalus. Las fronteras entre la España musulmana y los reinos cristianos del norte cambiaron a lo largo de los siglos. Durante el califato llegaban hasta el Duero pero en el periodo almohade estaban situadas ya al sur del Tajo. Nada separaba las zonas de al-Ándalus que más tarde pasaron a formar parte de Portugal. Esta ruta recibe el nombre de al-Mutamid porque el futuro rey de Sevilla fue en su adolescencia y juventud gobernador de Silves, población del Algarve portugués.
Paisajes muy diferentes hacen de esta ruta una de las más ricas, no sólo en patrimonio monumental sino también en espacios naturales. A través de ellos encontramos una continuidad histórica llena de matices, una misma época sentida, a veces, de manera distinta.

El camino que un día emprendió un joven enamorado y erudito, conocedor de la música y la poesía es hoy un recorrido apasionante que parte de  tierras lusas para acabar en Sevilla y continuar a través de la ruta de Washington Irving a la ciudad soñada, Granada.

Web de la Ruta de al-Mutamid 


Itinerario por la costa:

Lisboa – Setúbal – Alcácer do Sal – Aljezur – Sagres – Lagos – Silves – Albufeira – Paderne – Loulé – Faro – Tavira – Vila Real de Santo António – Ayamonte – Lepe – Huelva – La Rábida – Palos de la Frontera – Moguer – Niebla – La Palma del Condado – Sanlúcar la Mayor – Sevilla

Itinerario por el interior:

Lisboa – Vendas Novas – Montemor-o-Novo – Évora – Beja – Mértola – Aroche – Cortegana – Almonaster la Real – Aracena – Tocina – Santiponce – Sevilla